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La página de Pedro Miranda

La segunda parte casi desconocida

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¿Quién no ha oído "Por ese hombre" de Pimpinela?

Todos conocemos ese famoso final en el que la voz carrasposa de Dyango le dice a
Joaquín Galán:
 
"[ese hombre] es tu amigo y te quiere...
Porque ese hombre...ese hombre...soy...yo".
 
Lo que aparentemente no mucha gente sabe es que existe una segunda parte de esa canción y que figura en el mismo álbum (y se llama simplemente "Por ese hombre, segunda parte"). Musicalmente, a mí la pieza me parece superior en todo a la primera parte: las interpretaciones son increíbles, especialmente Dyango que en los estribillos despliega sus grandes dotes vocales; las voces reflejan con mucha autenticidad el drama que describen y el final tiene un excelente solo de
guitarra eléctrica.
 
La canción empieza con el tema de la primera parte interpretado en piano, mientras la voz de Lucía Galán recita lo que se describe como una carta dirigida a Dyango:
 
"Son las dos de la tarde y está lloviendo como la primera vez.
Tal vez por eso me cuesta tanto...decirte adiós".
 
¡Como! ¡La muy bellaca le sacó los pies a él también!
 
Dyango no ha podido reaccionar y en su vagar sin rumbo, buscándola, llega al lugar donde seis años atrás le dijo a Joaquín "ese hombre...soy...yo". Y ahí por casualidad de la vida, se encuentra nada menos que con el propio Joaquín (quien seguramente cuando lo vio trató de escabullirse sin ser notado, pero no lo pudo conseguir). Dyango le dice:
 
"Qué pequeño es el mundo. Quién iba a decirlo, amigo del alma.
Volver a encontrarnos después de seis años en el mismo lugar.
Soy como un vagabundo...ella se ha ido, también la he perdido.
Nunca pensé que de esa manera me iba a pagar".
 
Dyango se considera "amigo del alma" de Joaquín, a pesar de que le quitó la mujer en la primera parte. Cabe preguntarse que entenderá Dyango por "enemigo del alma".
 
La reacción inicial de Joaquín son convencionalismos ("lo siento por ti", "te comprendo", etc.) pues ha sido atrapado en una conversación que no esperaba. Por su parte, Dyango avanza tímidamente un "¿aún me guardas rencor?" que el otro significativamente evade contestar. Pero el pobre Dyango ese día ha amanecido sumido en un profundo debate interno entre el masoquismo y la más pura
imbecilidad. Perdido en ese conflicto, le dice a Joaquín:
 
"Si aún eres mi amigo, hazme sólo un favor".
 
¡Y qué favor! Quiere que Joaquín lo ayude a encontrar a Lucía. ¡Se la quitó y ahora que él también la perdió, quiere que su "amigo del alma" lo ayude!
 
Aún a medida que la canción avanza, Lucía no pasa de ser una figura distante y desentendida:
 
"Adiós, que tengas suerte si no vuelvo a verte".
 
En cambio, Joaquín, repuesto de la sorpresa inicial al toparse con Dyango, se va poniendo cada vez más frío, implacable y resentido:
 
"Tú has sido para ella un ave de paso,
Que en un descuido me la robó de los brazos".
 
Dyango por su parte no parece prestar atención las censuras y permanece todo el tiempo confuso, lloroso y suplicante:
 
"¡Ay, pero ayúdame a buscarla, te ruego, hermano!"
 
La canción se va acercando a su culminación mientras Dyango continúa dirigiéndole a su "hermano" y "amigo del alma" lo que viene a resultar un monólogo quejumbroso. Joaquín no le hace gran caso; tiene el alma llena de resentimiento y no pierde oportunidad de restregarle en la cara su traición cada vez que lo dejan hablar:
 
"La vida es así, uno siempre tropieza la piedra que una vez tiró.
La vida es así, algún día nos pasa la cuenta, quieras o no."
 
Hasta un tonto como Dyango es capaz de percibir el extracto concentrado de rencor que destila su "amigo del alma" Joaquín, por lo que cautelosamente vuelve a preguntarle...
 
"¿Aún me guardas rencor?"
 
...y Joaquín cruza los dedos detrás de la espalda y miente con aplomo:
 
"Te juro que no".
 
Total, creo que a Dyango le habría importado poco la respuesta pues con lo chifleta que está, hasta a una piedra le habría vuelto a salir con su ridícula súplica:
 
"¡Ayúdame a encontrarla, amigo del alma!"
 
Finalmente esta tragicomedia termina. Joaquín se cansa del fango emocional en el que chapotea junto a Dyango desde hace rato y firmemente toma la palabra:
 
"Escúchame un segundo.
No esperaba encontrarte, "amigo del alma".
Pero estamos aquí...y no me puedo ir sin decir la verdad.
Aunque el dolor sea profundo, sigue mi consejo, trata de olvidarla.
Porque desde el día en que te ha dejado...
 
A mi lado está".

Material propiedad de Pedro Miranda,  ©2005